Dimití en Junio de 2024. Hace ya más de un año.
Era la mejor clínica donde había trabajado hasta entonces. La mejor con diferencia.
Un equipo pequeño, amable, con expertos internacionales en trauma y terapia de esquemas. Investigaciones en la universidad. Pacientes que me valoraban y mejoraban. Vamos, flipante.
Y además, en un edificio alucinante, antiguo de esos con vigas de madera, al lado del parque más bonito de Ámsterdam.
Pero quería salir de allí, de Ámsterdam, aunque amase la ciudad. Iba a cumplir 12 años viviendo allí y no me lo podía creer. Toda mi vida adulta, desde los 22 hasta los 35. Exagerado. Muy jevi.
Echaba de menos las montañas, las rocas, la naturaleza de verdad, los colores. Quería viajar. Moverme otra vez.
Quería permitirme lo que me permití en otros momentos de mi vida, soltar y tirarme al precipicio.
Aprovechar que estaba libre. Lo había dejado con mi pareja y había dejado la casa que compramos juntos y ya estaba todo limpito y ordenado entre nosotros.
Estaba preparada. Con mogollón de ideas escritas en una nota en el móvil:
Caballo en Kirguistán, cuidar cabras en la Gomera, selva en Colombia, trabajar en Japón, Vias ferratas en los Alpes, bailar Amapiano en Sudáfrica, monasterio de Pukhtal en el Himalaya, bailar Twerk en el Caribe…

Literalmente podía hacer lo que quisiera.
¿Y qué hice?
Volver a casa de mi padre.
Pum!
En la ciudad en la que pensé toda mi vida que jamás volvería a vivir.
¨Yo jamás podría vivir en Vitoria, yo ahí me ahogo, buf, es muy conservadora, muy pequeña. Ni de coña.¨
Esos eran mis pensamientos siempre. Y de repente, un mediodía antes de salir a la calle, pensé: ¿Y si ese pensamiento ya no me es tan válido? ¿Y si me permito pensar en la remota posibilidad de vivir allí?
Me dio un escalofrío y me reí. JA! qué flipada!
Y algo se abrió dentro.
Solté una idea vieja. Solté una parte de mí.
Solté la idea de viajar. Solté la idea de mi sabático. Solté mis planes escritos en una nota en el móvil.
Muy impulsiva escribí a mi padre:

Ir hacia atrás no es ir hacia atrás
Todo el verano viajé bastante, hice cursos, retiros, festivales… Y mira, de repente era Agosto y el imaginarme teniendo que viajar todo el año me dio una pereza enorme. Yo quería rutina y madriguera. Quería tener una semana con clases, aprender algo nuevo, ir al súper, cocinar, pero no moverme de un lado para otro.
Lo sentí muy a nivel físico. Mi cuerpo me pedía calma. Mi cuerpo quería tranquilidad. Quería predictibilidad.
Además me enamoré perdidamente de un chico vitoriano, lo que obviamente influenció en un 30% más o menos en mi decisión jajaja. Y encontré un máster de arte muy guay que me motivaba bastante.
Y ale, venga va!
Decidí volver a vivir con mi padre. A mi ciudad de origen. Eso que socialmente parece ¨un fracaso¨, un ¨ir hacia atrás¨, no tiene porqué serlo.
No existe eso de ir hacia atrás.

Ya vale con tener que amoldarse a la historia de siempre. Estudias, trabajas, conoces a alguien, vais a vivir juntos, boda e hijos.
Hay más historias posibles y las fases de tu vida no tienen porqué seguir el orden lineal que impera a tu alrededor.
No vivir juntos, no es un paso atrás.
Volver a casa de tus padres, no es un paso atrás.
Vivir con compañeros de piso, no es un paso atrás.
Querer tener hijos y acabar no teniendo, no es un paso atrás.
Mudarte a una casa más pequeña, no es un paso atrás.
Dejar un ¨puestazo¨ y trabajar con menos sueldo, no es un paso atrás.
No viajar y quedarte en tu ciudad, no es un paso atrás.
NO EXISTEN pasos adelante ni pasos atrás. Aunque socialmente se interpreten como tal.
Igual tu vida necesita una narrativa diferente y no te sientes bien con la narrativa imperante (que no hay nada de malo en ella, está perfecta, solo que no podemos intentar encajar a todo el mundo en ella).
No intentes encajar una clavija redonda en un agujero cuadrado.
Yo la verdad, he tenido uno de los mejores años de mi vida.
Por soltar. Por tirarme al precipicio que no esperaba.
Al final descubrí que no hace falta cumplir con ninguna línea recta, ni con ninguna escalera hacia “arriba”. La vida no se mide en currículums ni en checklists sociales.
Se mide en sentir que lo que vives ahora es lo que tú quieres para ti.
Yo solté mis planes perfectos y acabé encontrando algo mucho más real: paz, rutinas que me sostienen y la certeza de que mi historia solo tiene sentido si la escribo yo.
















