Hoy amplio un poco el post de Instagram y te comparto un ejercicio práctico…
Yo pensaba que a los 34 ya no tendría que tomar más decisiones. Que ya la vida estaría resuelta. O medio resuelta. Que todas las decisiones importantes, carrera, trabajo, residencia, pareja… se tomaban a los 20 y pico y a los treinta ya sencillamente vivías y tirabas para alante.
Yo y mis decisiones. Desde los 14 años que me planteo mucho las cosas, para bien y para mal. No me conformo con lo que viene dado. Y por eso quizá estoy en este caos de nuevo.
Podría haberme conformado con seguir con mi pareja, estaba contenta, me trataba bien, pero yo sentía que quería más.
Y ahora aquí estoy.
Sin saber dónde voy a vivir el año que viene. La casa donde vivo de alquiler se le acaba el contrato en diciembre. La venden. Y en Enero no tengo sitio para quedarme. Literalmente. No sé dónde voy a dejar mis cosas… Encontrar casa aquí es imposible, te piden tener ingresos tres veces más altos que el precio de alquiler… Igual me voy a Vitoria a casa de mi padre o igual me voy a un país con calor. Mi casa casa, ya estará libre desde Febrero pero también considero dejarla alquilada y irme un rato… Vamos, que un caos.
Sin saber si quiero enfocarme en mi carrera profesional o viajar en furgoneta. Una parte de mí quiere de verdad parar todo y viajar, tirarme 3 meses en Japón, vivir en Sudáfrica, pasear por los valles del Himalaya… Tengo dinero ahorrado para hacerlo pero… Pero sé que ahora necesito este contrato fijo en la clínica para poder recuperar mi hipoteca y mi casa a MI NOMBRE. Sin compartir con mi ex. Cosas de adultos burocráticas y aburridas. Y también, no puedo dejar esta oportunidad de trabajar con uno de los mejores investigadores de Terapia d Esquemas y un equipo tan tan tan bueno… Y obviamente, no puedo dejar a mis pacientes tirados… Si consigo poder cerrar todo bien, pedir un sabático en el curro y organizar mis pacientes, me veréis viajando por ahí un tiempito… A ver si lo consigo.
Sin saber si quiero un novio, o dos, o ninguno. He estado con bastantes tíos en los últimos meses, abrí la relación el año pasado y me planteé la poligamia. Primero muy guay, volver a la locura, a probar distintos cuerpos, sentirme deseada, prepararme, ponerme sexy… Ahora me he aburrido. Y solo quiero mimos y tener sexo con alguien por el que sienta algo. Ya ves… Y también siento que quiero volver a mis raíces, querría una pareja del país vasco o española, poder cantar Extremoduro, Kaotiko, o Flamenquito juntos… Poder hablar y comunicarme sin tener que pensar dos veces lo que una palabra significa. Pero no quiero buscar. Estoy cansada. Quiero confiar que lo que tenga que llegar llegará. ¿Y hijos? Mejor ni empezamos… tengo casi 35 y no sé lo que quiero…
Sin saber cómo lidiar con el hecho de que mi padre está enfermo. Ya perdí a mi madre hace dos años. Y mi padre ahora necesita tener una operación del corazón bastante complicada. Muy jodida. Lo que está reactivando todas las memorias de la enfermedad de mi madre. De esto no hablo en Instagram porque mi padre lo lee y no quiero que se preocupe por mí. Típico eh? Pues llevo teniendo pesadillas varios meses. Veo a mi madre, a mi abuela, a mi padre. Vivos, muertos, enfermos, diciéndome cosas, haciendo cosas… Es un agobio. No quiero ser huérfana. Mi madre murió con 59 años, no quiero que mi padre muera con 62. No quiero.
Esto se añade a la incertidumbre generalizada en la que estoy viviendo.
Al menos ya no tengo miedo. No tanto. Ya no estoy ansiosa todas las noches en el sofá.
Me siento mejor. Y me siento presente.
Voy viendo cada semana qué es lo que mi niña interior, Maritxu, necesita.
Quiero sol, me voy a Palma.
Quiero compañía, quedo con mis ¨brujas¨.
Quiero más mimos, busco un ¨novio¨.
Quiero tranquilidad, me pongo a leer.
Escuchar lo que necesitamos es un arte difícil.
No se trata de ¨hacer siempre lo que nos da la gana¨. Si no de ver si la situación en la que estamos AHORA cubre nuestras necesidad emocionales.
Yo no puedo cambiar mucho de lo que estoy viviendo ahora. Tengo que esperar. Esperar a que operen a mi padre. Esperar a que mi ex se decida y yo pueda cambiar el nombre de la hipoteca. Esperar antes de viajar… Menudo ejercicio de paciencia me estoy dando.
Pero sí puedo ir dándome lo que necesito día a día.
Dentro de las limitaciones que tengo.
Y estos circulitos de las necesidades emocionales básicas me ayudan a saber si me estoy dando lo que necesito:

Seguridad y afecto.
Yo necesito un mínimo de cariño y mimos, mi compañera de piso y mis amigas me dan abracitos y también el chico con el que estoy quedando… ¿Seguridad financiera, seguridad emocional, seguridad física? Tienes esta necesidad cubierta?
Libertad para expresar mis emociones. ¿Tengo gente con quien compartir cómo me siento? ¿Me abro y me muestro vulnerable sin tener miedo a que me invaliden o se rían de mí?
Límites realistas y autocontrol. Pones límites a los demás y a ti mismo? O te dejas pisotear? Te dejas llevar por las horas, sin ponerte un poco de disciplina saludable? Necesitamos límites, internos y externos. Darnos todo lo que nos apetece sin pensar en las consecuencias a largo plazo tampoco es una actitud saludable, podemos acabar procrastinando toda la vida, o generando adicciones o sencillamente no viviendo la vida que queremos.
Espontaneidad y Juego. Síiiiii!!!! Esta no me cuesta mucho, bailar, hacer el gilipollas, jugar, sentirme libre, hacer locuras o el ridículo, sentirme niña… Ay me encanta! Pero veo bastantes de mis pacientes que les cuesta un poco más. Las obligaciones adultas y la crítica demandante copan toda la mente y se deja de priorizar esta necesidad. ¿Estás disfrutando lo suficiente?
Autonomía y sentido de identidad. Necesitas siempre a alguien para hacer las cosas? O lo contrario, nunca nunca pides ayuda y eres super independiente? Ni tanto ni tan calvo. Sentirnos autónomas y tener nuestra propia agencia para hacer cosas es importante, atreverte a ir a dar un paseo o al cine sola, o de viaje si así te aptece. Y también poder compartir responsabilidades y pedir ayudita si nos estamos ahogando.
Cuando estamos desbordados viene bien empezar por los pilares. ¿Me estoy dando lo suficiente de cada uno de los circulitos?
Prueba este ejercicio:

Aquí te dejo el mío relleno para que te hagas una idea:

Poco a poco, día a día.
Y el resto de decisiones ya veré.
Lo que tengo claro es que no quiero dejar de escucharme.
No quiero olvidarme de mí.
No quiero obligarme a hacer nada que no se sienta bien.
No quiero presionarme. Exigirme.
No quiero correr. Ya he corrido bastante.
No. Ya no.

















